Muchos podrían considerar que los miembros de la tribu Vadoma tienen una evidente discapacidad, pero su único problema real es no poder encontrar zapatillas; usan sus particulares pies para trepar árboles con facilidad y recolectar alimento.

Con el paso del tiempo y la historia, se han conocido muchos mitos y leyendas populares en donde el sujeto principal —o sujetos principales— tienen rasgos de animales. Claro, de real tienen bastante poco, pero en contadas ocasiones estos sucesos sí pueden darse ante nuestros propios ojos.

Los llevaremos a Zimbabwe, en el corazón del continente africano, donde vive una tribu que se caracteriza por tener un rasgo propio del mundo mitológico: pies “de avestruz”.

Gran parte de los miembros de la tribu Vadoma presentan una malformación en sus pies, los que sólo tienen dos dedos deformados. De ahí viene la referencia al avestruz, la que podríamos considerar bastante precisa.

La condición genética que explica estos particulares pies se conoce como ectrodactilia, que es la deficiencia de dedos centrales en pies o manos. Es prácticamente exclusiva de esta tribu, ya que las leyes locales no permiten que se contraiga matrimonio o se tenga relaciones sexuales con alguien de otra tribu, por lo que la herencia genética —que se manifiesta en uno de cada cuatro nacimientos— se ha mantenido en casa durante todo este tiempo.

El primer hombre en registrar encuentros con esta tribu fue Jan Jacob Hartsinck, director de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales, en 1770. Recién a mediados del siglo XX, la historia de la tribu se empezó a hacer conocida a nivel mundial.

Claro, uno podría imaginar muchas cosas negativas para quienes tienen estos pies, como las miradas reprobatorias y horrorizadas, además de no poder encontrar zapatillas en ningún lado.

Pero en la misma tribu Vadoma, estos pies de avestruz no son considerados como una discapacidad; de hecho, se cree que sus dedos les ayudan a subir árboles con mayor facilidad.

Y quizás son una bendición para esta tribu, que es la única que no vive de la agricultura en el país, sino que de la recolección y acumulación.