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Para el Halloween: ¿Recuerdas El Exorcista?

El Exorcista fue un éxito cinematográfico de los años 70 y causó gran polémica: desde historias de personas que se desmayaban en el cine o abandonaban la sala, hasta afirmaciones de que propiciaba el culto a Satán. Hoy te contamos cómo se vivió su estreno en México

 

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Un día llegaron las autoridades al departamento 502 del edificio 603 en la colonia del Valle, alguien había denunciado un horrible crimen, se escuchaban gritos, profanaciones, carcajadas demoniacas, ruidos sobrenaturales…estaban exhibiendo clandestinamente la película El Exorcista.

Eran los primeros días de agosto de 1974, el filme aún no llegaba a los cines mexicanos y su proyección se seguía debatiendo. Por ello, la cinta “pirata” y la pantalla de 17 pulgadas de aquel lugar en la delegación Benito Juárez eran la única opción para los impacientes cinéfilos.

Pagaban 70 pesos por entrar a esa sala cinematográfica improvisada en la Agencia de Modelos Irina, de la soviética Irina Dararoff Brucen, según el reportero Jorge Coca de EL UNIVERSAL, hasta que un funcionario de la delegación acudió con un notario público a clausurar el departamento y a confiscar el “video-cassette”, “como prueba del delito cometido”.

La cinta dirigida por William Friedkin y basada en el libro El Exorcista de William Peter Blatty (quien también produjo y escribió el guion de la película) se había estrenado en Estados Unidos el 26 de diciembre de 1973.

 

Tráiler original de El Exorcista.

El columnista Pablo Palomino contaba en este diario que él la había visto en San Francisco, después de hacer una fila de tres cuadras: “Las escenas son dantescas y los efectos nunca vistos… Aquí, la Iglesia no ha producido ninguna declaración en relación con los exorcismos, pero, ¿y si llega a venir la película a un ambiente mezcla de paganismo y cristianismo?”.

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Un retrato de William Peter Blatty publicado el 30 de junio de 1974. Foto: Archivo

 

“Una nueva fe en el diablo”

De acuerdo con Palomino, en mayo de 1974 la polémica obra sería proyectada en la Cámara de Diputados para someterla a un “juicio severísimo” adicional al realizado por los organismos regulatorios: “la película, por su enorme impacto y el tema que trata, puede causar males incalculables al público mexicano… el honorable recinto se verá visitado por el diablo”.

Se hablaba de que causaba “shocks”, como en California, donde dos señoras tuvieron que ser sacadas de la sala ante el horror, “otros —hombres incluso— quedan largo tiempo postrados y considerando cosas que antes no consideraban”, relataba el columnista. En algunos estados se había prohibido la entrada a menores de 17 años.

Linda Blair en su papel de la niña Regan MacNeil, antes y después de su transformación tras ser poseída por el demonio. Fotos: REUTERS/Warner Bros/Handout. Diseño web: Griselda Carrera.

El periodista Vernon Scott afirmaba desde Hollywood que la película había iniciado una obsesión nacional con la demonología. En otras publicaciones decían que había renovado cultos satánicos, prácticas ocultistas, “una nueva ‘fe’ en el diablo”.

Algunos exponían que era una publicidad inesperada para la Iglesia Católica; aunque otros, como el sacerdote Henri Gesland, exorcista oficial de la arquidiócesis de París, creía más bien que era un golpe de publicidad que favorecía al diablo.

“Todos los sacerdotes exorcistas están en guardia permanente ante los efectos de ese ‘monumento al pavor’… El padre Gesland recomienda a los que se sienten poseídos por el demonio, hacer gimnasia, equilibrar el régimen alimenticio; pero si eso no basta hay que consultar con un médico”, comentaban.

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El reverendo Walter H. Halloran, último jesuita sobreviviente que participó en un exorcismo de 1949 que inspiró el libro y la película El Exorcista. Foto: AP / The St. Louis Post Dispatch, Archivo.

En Nueva York un grupo de religiosos, católicos en su mayoría, planeaban una demanda contra ésta “por ofensas insanas a la niñez”.

En tanto, Samuel Bernardo Lemus escribía: “El actual pulular del satanismo y la ola de interés por lo oculto, tanto en filmes como en novelas (Los DiablosEl ExorcistaRosemary’s BabyEl OtroMefisto WaltzLos Condenados, etc.), así como en el culto popular, son indicios de una cultura que ha perdido su equilibrio en una inundación de símbolos del mal”.

“El satanismo está llegando a México”, avisaba Palomino, además decía que en las casas de Polanco ya se ejercían ritos satánicos y de magia negra.

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Una escena de El Exorcista. Foto: REUTERS/Warner Bros/Handout.

“La prohibición de ver El Exorcista es efectiva. Se prevé que en el momento en que esta cinta sea puesta en un salón comercial, habrá verdadero furor por las prácticas mágicas y lo oculto… nos encontraremos en las elegantes ‘boutiques’ de la Zona Rosa y en partes de la ciudad, objetos de carácter esotérico… ¡El retorno de los brujos!”, presagiaba el columnista en octubre del 74.

El diablo llega a México: el esperado estreno

“Algo incomprensible sucede en esta casa… y un sacerdote ha sido llamado como último recurso. Este sacerdote es el Exorcista”. En los promocionales del periódico se observaba a un hombre entre las sombras de la calle, con sombrero y maletín, al pie de una escalera, listo para enfrentar con agua bendita y una cruz al demonio que había poseído a la niña Regan MacNeil (Linda Blair).

El tan esperado estreno llegó a México, ¡por fin!, el 19 de diciembre de 1974; sin embargo, incompleta, pues habían censurado algunas escenas.

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Anuncios publicados el 17 y 22 de diciembre de 1974. Fotos: Archivo EL UNIVERSAL.

Una entrada al cine costaba en promedio 15 pesos en esa época, pero se reportó que los boletos en reventa para El Exorcista se ofrecían hasta en mil. El periodista José Jacobo decía que era “un delirio demencial de afluencia”, aunque los desmayos masivos no fueron como se esperaban:

“Nervios de acero entre cinéfilos capitalinos. No se reporta aún desmayados, a causa de la exhibición de El Exorcista. En E.U.A. fue muy frecuente el caso de la pérdida de conocimiento entre los espectadores, ¿o acaso se trataba de promoción publicitaria?”.

Días después, uno de los trabajadores de la sala cinematográfica Pedro Armendáriz afirmaba: “Quienes se desmayan durante la proyección son los hombres, no las mujeres. Sienten horror por el maquillaje usado por los actores”.

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“Me molestaba las dos horas y media de maquillaje para estar lista cada día”: Linda Blair. Foto: Archivo.

Terror en el que, por cierto, coincidía la actriz Linda Blair, quien contaba en esos días que a ella no le daban miedo las escenas escabrosas, sino las dos horas y media de maquillaje diarias para convertirse en un demonio personificado.

“¿El Exorcista es un filme maldito o es un fraude publicitario?”, preguntaba el titular de una nota publicada el 28 de diciembre de 1974. El reportero L. Meraz visitó el Cine Roble, donde había tres policías en la taquilla para dispersar aglomeraciones y protestas de cinéfilos molestos porque no les vendían boletos con una semana de anticipación.

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“Nunca en la historia de la exhibición una película causó tanto interés ¿morboso? Hombres desmayados, abandonan la sala… Enormes colas antes de cada función. ¿Es posible que sean tan poderosas las fuerzas del Demonio?”: publicación del 28 de diciembre de 1974. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.

“Hay quienes piensan que cada sala cinematográfica donde se exhibe es un templo al culto de Satán…La primera parte –digamos que 40 minutos– es cine pésimo, aburrido, vano. Pero el público mantiene interés por enterarse cómo Satán victima a la pequeña…juega con las emociones del espectador, ya inquieto, nervioso y con los ojos muy abiertos… La lucha de exorcista y demonio es el combate esperado”, relataba Meraz.

Unos corrían “como alma que lleva el diablo” para encontrar boletos; otros abandonaban el cine, con la curiosidad satisfecha. Abundaban los enamorados.

El señor Jorge Amigón salía del lugar con su esposa: “Mi vieja salió asustada… asustadísima… Es que no está acostumbrada a ver estas películas. Ella prefiere la tele, a Viruta y Capulina”; Michel Ríos abrazaba a su novia María de los Ángeles: “¿La viste fea, verdad? A ratos ella cerraba los ojitos y se acurrucaba en mi hombro. No quería ver nada”.

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El Exorcista (1973). Foto: AP

Ángel Nava Negrete también iba con su esposa: “El diablo existe y también creo en la posesión —dijo él—. La película está bien lograda, pero no se puede detallar tanto como en el libro de William P. Blatty”.

También iban en familia. Una joven llamada Marisela González asistió con su mamá y su hermano: “¡Es lo máximo en películas extranjeras que han llegado a México!”. En tanto, las hermanas Yolanda y Graciela Cadena, tomadas del brazo, dijeron: “El papel de la niña (Linda Blair) se nos hizo magnífico. Y la película muy impresionante… ”

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Asistentes al Cine Roble hablan de la película El Exorcista en 1974. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.

Otros habían ido solos, como Rodolfo García, agente de tránsito que trabajaba cerca del Cine Roble: “Después de cumplir mi turno, entré a ver la película. Me causó asco. Verdadero asco…”

El filme fue comentado hasta por el doctor Mario Fuentes Delgado, rector del hospital psiquiátrico Fray Bernardino Álvarez, quien dijo en una entrevista que El Exorcista mostraba un cuadro de esquizofrenia o psicosis que antiguamente era relacionada con fenómenos mágicos, como posesiones demoniacas:

“Lo que pasa es que el impacto que tienen en el público, sin conocimientos de tipo psicológico, son espectaculares. Provocan ansiedad, temor y sugestibilidad”.

Meraz concluía: “Es nuestro inconsciente el que paga 15 pesos por el boleto. Y después preguntamos, con cierta satisfacción —también diabólica— ¿Ya viste El Exorcista?”

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En septiembre del 2000 la película El Exorcista fue relanzada con 11 minutos de imágenes nunca antes vistas y un sonido completamente rediseñado. Foto: Especial.

La imagen principal es una escena clásica de la cinta El Exorcista. Foto: REUTERS/Warner Bros/Handout.

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