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Violencia con armas de fuego, golpea Estados Unidos

Un antiguo empleado mata a ocho personas en un almacén de FedEx en Indianápolis y engrosa la lista de tiroteos de las últimas semanas.

Una mujer se arrodilla frente a un altar en memoria de Adam Toledo, de 13 años, instalado cerca del callejón donde un policía le disparó en el vecindario de La Villita en Chicago.
Una mujer se arrodilla frente a un altar en memoria de Adam Toledo, de 13 años, instalado cerca del callejón donde un policía le disparó en el vecindario de La Villita en Chicago.

AGENCIAS.- Un nuevo tiroteo, con ocho fallecidos, ocurrido el jueves por la noche en un almacén de Indianápolis (Indiana), ha engrosado la siniestra lista de matanzas con armas de fuego de las últimas semanas en Estados Unidos, un país de 330 millones de habitantes y casi 400 millones de armas en manos privadas. Las últimas muertes se suman a las 10 de un supermercado de Colorado el 24 de marzo o a las ocho de unos salones de belleza de Atlanta, unos días antes. Estos episodios tienen lugar, además, en plena conmoción por los recientes fallecidos en pleno arresto a manos de la policía y exhibe la lacra de una poderosa nación que avanza en la vacunación a todo tren y disfruta de una reactivación económica envidiable, pero que, sin embargo, parece incapaz de controlar esta hemorragia. Las armas se cobraron en 2020, en plena pandemia, casi 20.000 vidas, sin contar suicidios.

La semana comenzó con la muerte de un estudiante abatido por la policía en un instituto de Knoxville, en el Estado de Tennessee. El joven, que iba armado, se metió en los cuartos de baño del centro y, cuando la policía le abordó, abrió fuego e hirió a uno de los agentes. Unas horas antes, la policía de Brooklyn Center, un suburbio de Minneapolis, tuvo que explicar que una de sus policías había matado a un detenido que intentaba zafarse del arresto porque confundió la pistola paralizante con las de balas de verdad. El suceso caldeó el ambiente en una ciudad que vive estos días precisamente el trascendental juicio al policía Derek Chauvin, por la muerte del afroamericano George Floyd en un brutal arresto.

Las autoridades de Chicago, mientras tanto, llevaban días preparándose para las protestas en la calle, pues estaba a punto de publicarse el vídeo de la muerte de un chico de 13 años, Adam Toledo, en una persecución policial. Se difundió este jueves por la noche. Y pocas horas después, ocurrió la matanza del almacén de la compañía de servicios postales FedEx cerca del aeropuerto de Indianápolis. Poco después el autor de los disparos, un exempleado de 19 años, se suicidó. La madre del joven, Brandon Scott Hole, había advertido a las fuerzas de seguridad hace un año de que su hijo podía intentar un “suicidio mediante policía”.

Récord de fallecidos

Esta fue, en resumen, una semana más en la vida de Estados Unidos. La radical alteración de la vida cotidiana que trajo la pandemia generó la sensación de que también habían menguado los tiroteos. Las cifras que recopila el Archivo de la Violencia Armada, sin embargo, reflejan que 2020 fue el año con más muertos por disparos en al menos dos décadas, con 19.380 fallecidos, además de los alrededor de 24.000 que se suicidaron.

Porque, pese a que son las masacres las que conmocionan al mundo —los 20 niños asesinados en la escuela Sandy Hook en 2012, las 58 personas de un concierto de Las Vegas en 2017, los 17 de un instituto de Florida en 2018…— la hemorragia de violencia armada que sufre Estados Unidos es diaria y se ceba especialmente en las minorías y los barrios desfavorecidos. Con el de FedEx, ya lleva más de 15.000 incidentes en lo que va de año.

“Esto es una epidemia, por el amor de Dios, y tiene que parar”, clamó el presidente, Joe Biden, el pasado 8 de abril al anunciar unas medidas ejecutivas para tratar de restringir el acceso de la población a los rifles y pistolas. Se trata de medidas limitadas —más control en la venta de kits para fabricar en casa armas sin número de registro y el impulso a un plan para que se pueda prohibir la compra a personas en situaciones de crisis—, ya que cualquier medida de calado requiere cambios legislativos en el Congreso que chocan contra el muro frontal republicano. Las iniciativas para grandes reformas legislativas llevan años paralizadas.

La de las armas es una batalla política y cultural en Estados Unidos. El derecho a poseerlas es un principio sacrosanto, consagrado en la Segunda Enmienda de la Constitución, pero el debate surge en la interpretación de esa idea, en cómo es posible que un chico al que la ley no permite consumir alcohol a los 18 años sí pueda, en cambio, comprar una semiautomática. Por eso, cada vez que una de estas matanzas agita el debate sobre los controles a la posesión de armas, las ventas aumentan de forma exponencial, como respuesta de precaución ante la posibilidad de que republicanos y demócratas pacten para endurecer los límites.

Tras las balas se celebran los velatorios, los homenajes y las manifestaciones. Así ocurre siempre. Estos días tienen lugar en Minneapolis, en Chicago y en Indianápolis. Se trasladarán después al lugar de la próxima matanza.

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