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Lo importante ahora es lo que viene

23 de Abril de 2021

Por Ramón Aguirre Díaz *

 

Era de esperarse que los niveles de las presas en México disminuyan en estos meses del estiaje. Iniciamos el año con bajos niveles, por ello sabíamos que tendríamos un año complicado, pero la situación se ha venido agravando. La Conagua reporta que al 15 de abril, un 85% del país se encuentra con algún grado de sequía, donde en los últimos quince días pasamos del 42% a un 48% del territorio con sequía entre severa a excepcional. Por ello, el serio problema de los incendios forestales, que son un claro reflejo de la situación. El campo mexicano está padeciendo los efectos al igual que muchos de nuestros centros de población, principalmente los que se abastecen de presas o manantiales.

Sería una real excepción que se tengan precipitaciones importantes durante este primer semestre del año, por eso lo importante ahora es lo que viene. Con los niveles actuales de almacenamiento en las presas sería muy preocupante que no nos llueva de manera significativa en el periodo de junio a octubre que es cuando se esperan las lluvias. Septiembre es el mes de mayor incidencia de ciclones y huracanes, que son los que nos permiten contar con agua en el norte y centro del país. Si no entran estos fenómenos naturales en esos días, entonces sí tendremos un enorme problema en 2022, de terror, por ponerle algún calificativo.

Aunque los pronósticos no indican un segundo semestre con lluvias excepcionales, todo puede suceder y esperemos que no se tengan problemas serios el próximo año. Pero deberíamos tener en claro que una sequía más severa que la actual con seguridad se presentará tarde o temprano, por dos claras razones: la primera es el cambio climático que refleja sus peores efectos al hacer aún más extremos los procesos de temperaturas y lluvias, y la segunda es por el fenómeno de deforestación, el cual disminuye las áreas de recarga e incrementa los azolves en las presas.

Aquí no queda más que insistir que México debería prepararse y un factor ineludible para ello es la inversión en más infraestructura y en acciones para hacer más eficiente el uso del agua. No se están canalizando los recursos necesarios desde hace casi dos décadas y un problema grave está en gestación.

Tal como lo comentamos en el artículo pasado, en estos momentos sólo nos queda recurrir a una disminución en la demanda. Ésta tiene dos vertientes, la primera son las pérdidas o fugas que se tienen en las redes de agua de las ciudades. Disminuirlas requiere de inversiones que son cuantiosas, de largo plazo y que deberíamos estar canalizando año con año.

La segunda vertiente es el consumo, donde es factible disminuirlo de manera significativa con acciones que todos tenemos en nuestras manos: no regar jardines, el uso de accesorios de bajo consumo y el abrir lo mínimo necesario a la llave, el menor tiempo posible.

Conforme a los estudios de consumo que hemos realizado, la regadera es donde se puede tener el mayor desperdicio, pero todos los otros usos de limpieza, higiene y preparación de alimentos también pueden contribuir a un ahorro significativo o a un desperdicio irresponsable. Una persona que cuide el agua puede requerir de menos de 100 litros para satisfacer todas sus necesidades, mientras que otra puede estar consumiendo más de 500 litros por día. Insistimos: el cuidado del agua, por parte de cada uno de nosotros, es el único camino viable en estos momentos para enfrentar la falta de agua.

 

 

 

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